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	<title>Andrés García Madrid</title>
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	<pubDate>Wed, 09 Jan 2019 20:15:36 +0000</pubDate>
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		<title>Home</title>
				
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		<pubDate>Wed, 02 Jan 2019 16:17:20 +0000</pubDate>

		<dc:creator>Andrés García Madrid</dc:creator>

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Andrés García Madrid</description>
		
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		<title>Biografía</title>
				
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		<pubDate>Wed, 02 Jan 2019 15:04:13 +0000</pubDate>

		<dc:creator>Andrés García Madrid</dc:creator>

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Andrés García Madrid

 Nació en
Madrid el 17 de octubre de 1927. El bachiller primero y la sociología después
apenas domeñaron su alma tan impregnada de naturaleza en las dehesas extremeñas
que, a pesar de su denso caminar por fábricas y talleres como delineante,
técnico industrial o director de fábrica, no le impidieron incorporarse, aunque
tardíamente, al mundo de la creación literaria. Mi
barco sería en 1966 su primer libro. Habrían de
pasar, sin embargo, nueve años (1975) hasta que su segundo poemario Subversión
o clamor portugués estuviera en las librerías, si
bien entrambos (1975) publica El maravilloso
mundo de las abejas, un álbum para niños. En 1978
ve la luz su tercer libro de poemas, El
Peralejo. En 1979 se representa por las calles de
Madrid e incluso pueblos de Ciudad-Real El
concejo, su primera obra (corta) teatral. Al año
siguiente estrena La saca dirigida por Juan Diego. Y en 1981 el entremés Los
Otan-magos. En 1986 publica Albaquías. En 1989, junto con el pintor Ricardo Zamorano, realiza una
carpeta, Las huellas, de estampas y poemas, que antes de finalizar el año se publicaría
también en forma de libro. Lo mismo sucedería en 1991 con el poemario Convergencia, que, en colaboración con el pintor cubano Luis Cabrera, nació del
producto de una carpeta de poemas y grabados. En 1992 escribe cinco poemas
sobre otros tantos grabados, también de Luis Cabrera, que bajo el título de Suite-Getafe, y manuscritos, aparecieron en forma de carpeta.&#38;nbsp;
De 1994 es su séptimo libro, Azumbres de amor, que incluye los cinco poemas de Suite-Getafe. Un año más tarde aparece La computadora y el ordenador, y en 1998 Los labios de la laguna, acompañado de un prólogo de Manuel Vázquez Montalbán.&#38;nbsp;
Pasados dos años, en el año 2000, poco después de su fallecimiento, se publica su libro póstumo, en el que había trabajado en los últimos meses, con un prólogo de León de la Hoz. Tormentas, tormentos y otros poemas personales cierra con el poema «La costumbre de cenar» que es un canto a la vida. </description>
		
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		<title>Poemarios</title>
				
		<link>https://andresgarciamadrid.es/Poemarios</link>

		<pubDate>Wed, 02 Jan 2019 15:04:13 +0000</pubDate>

		<dc:creator>Andrés García Madrid</dc:creator>

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		<title>Selección de poemas</title>
				
		<link>https://andresgarciamadrid.es/Seleccion-de-poemas</link>

		<pubDate>Sun, 06 Jan 2019 17:13:41 +0000</pubDate>

		<dc:creator>Andrés García Madrid</dc:creator>

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		<title>Germinación</title>
				
		<link>https://andresgarciamadrid.es/Germinacion</link>

		<pubDate>Mon, 07 Jan 2019 12:34:31 +0000</pubDate>

		<dc:creator>Andrés García Madrid</dc:creator>

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Germinación
La plaza de Chillón, hermosa



y pétrea, pétrea y bella,



se me queda prendida,



y sus mozas, y la feria,



y sus calles almendradas, pinas,



donde resbalan, echando lumbre,



las caballerías,



y aquella luna que redonda ronda



rudamente mi cabeza.






Siento el abrazo dulce y feroz



de tierra y miel; siento



el brincar del alma,



y el gritar de los labios



que eróticamente



ladinos me empujan;



y siento crecer el ansia



de sentirme libre



alguna vez;



y de hacer útil esta vida



tan vilmente



          gastada.




(El peralejo, 1978) &#38;nbsp; &#38;nbsp;</description>
		
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		<title>La llegada</title>
				
		<link>https://andresgarciamadrid.es/La-llegada</link>

		<pubDate>Mon, 07 Jan 2019 12:34:15 +0000</pubDate>

		<dc:creator>Andrés García Madrid</dc:creator>

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La llegada
Horadando vientos, jadeante,



y pueblos, la nube, que ululando,



bufa desde lo más hondo de sus rieles,



acude a la costumbre



de esa otra nube, más nube aún,



donde la ciudad, ennegreciéndose,



sueña que existe.






Prófugas luces, diluviando



estrellas malditas, caen...



Caen mis desengaños,



y mis engaños caen...



Tal el primer contacto...



(¡cuánta desazón luminaria!)



Tal la primera bofetada...



(¡cuánto beso carcomido!)






Y yo me pregunto, nos preguntamos todos



por ese encuentro de astros cuajados



que, orbitando, nos envuelve...;



por ese amor de franela



que, flameando, nos disloca...



¿Qué buscar, ¡oh volúmenes colmenares!,



entre prisa, y prisa y más prisa,



¡danzantes bípedos de flúor!,



en una noche que se eterniza?






Sigo las calles, doblando esquinas



locamente. No entiendo



ni palabra de cuanto ocurre...,



¡tan mugriento, tan fascinante,



tan todo tanto, que no sucede



cosa, sino sin sal ni sol...!




Alguno que otro borracho



enternece las lagunas...
 

(El peralejo, 1978)</description>
		
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		<title>La dama maternal del Manzanares</title>
				
		<link>https://andresgarciamadrid.es/La-dama-maternal-del-Manzanares</link>

		<pubDate>Wed, 09 Jan 2019 20:13:30 +0000</pubDate>

		<dc:creator>Andrés García Madrid</dc:creator>

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		<description>

























La dama maternal del Manzanares
Desde los senos, no nacientes, vivos,



que del trapecio casi esferoidal



el triángulo escaleno genera



en la dama maternal



se precipita, entre barro y espigas,



acorazado el parto de espinos,



tan virgen como madre,



tan luna como manzanar,



el amor



que al cuadrado eleva



la navideña costumbre



de no ser sinceros



ni siquiera por una sola noche.




(Albaquías, 1986)&#38;nbsp;



 






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		<title>Los esclavos</title>
				
		<link>https://andresgarciamadrid.es/Los-esclavos</link>

		<pubDate>Mon, 07 Jan 2019 12:34:21 +0000</pubDate>

		<dc:creator>Andrés García Madrid</dc:creator>

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Los esclavos
Ya no lleva el cardenal



su «borgia-levante» puesta.



La hoguera mítica del papiro



quitó el hollín urbi et orbi



al no hacer tablas, cónclave,



en la urna sagrada.






¡Qué poco le costó al picaro!



Tiró con pólvora bárbara;



quebró, del pájaro pinto, el aire;



y agrandó la su hacienda



en la lid del libre comercio



sin vender, donde todo se compra,



sus recompensas al diablo.






La gran chimenea alejandró



—papa habemus— por sexta vez.



La juerga mística desató



a la feligresía encantada



que invadió, como el humo blanco,



de letanías, las alturas.






Entre tanto, denso, abatido,



el humo negro, alma de dios,



cayó roto; la caza africana,



tras la misa o el ángelus,



colmó de ilotas la ergástula.






Sobre la mar oceánica



donde, sólido ya, se arracima



en la crujiente quilla de ceiba



un enjambre de manos negras,



se levanta desde la sentina,



clamando a los dioses, el grito



de mil puños sangrientos.

La trata hace faldriqueras



y, del alma, santos sus cortinas.



No necesita la mar nueva



más estímulos impíos: deprecando



el blanco sus mercedes



se consuma la villanía del milagro.



 



(Las huellas, 1989)</description>
		
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		<title>Sábado de rumba</title>
				
		<link>https://andresgarciamadrid.es/Sabado-de-rumba</link>

		<pubDate>Mon, 07 Jan 2019 12:34:26 +0000</pubDate>

		<dc:creator>Andrés García Madrid</dc:creator>

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Sábado de rumba
Canta al mes el reloj



su rumba de días bisiestos



tal si de las nalgas untuosas



ardientes caracolas brincaran



en el portal de la gruta sagrada.




El empedrado catedralicio



de La Habana Vieja se adueña



irremediablemente de las venas.






Nada se resiste a las maracas.



Es tarde como sábado



y rumba sol de junco y caña.



Vibran ombligos de azúcar



y el amor crece en el arrecife



como pleamar en la corriente



del golfo que nos envuelve.






Cimbrea la cintura su esqueleto



y apresura a los poros su hontanar.



El fuego no hace espera y el agua



se desborda por el arrecife de tus senos



mostrando sus dos cardenales.






El ritmo acelera la sangre



hasta el instante preciso: No hay tiempo



de más tino y el alma obliga al quiebro



su recurso como un par perfecto.



Sólo te queda, Viviana,



si no te tapaste a tiempo



dejar el manjar para otra fruta



mientras se pueblan de amor



las cigüeñas del cañaveral.








(Convergencia, 1991)







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		<title>Nada más simple que escuchar</title>
				
		<link>https://andresgarciamadrid.es/Nada-mas-simple-que-escuchar</link>

		<pubDate>Wed, 09 Jan 2019 20:15:36 +0000</pubDate>

		<dc:creator>Andrés García Madrid</dc:creator>

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Nada más simple que escuchar


Nada más simple que escuchar
sólo lo que quieres oír, Oreja:



el sonido planetario 



               del vacío,



el violín universal,



la cuerda rota que reside



               desnuda



en el bolsillo de tu chaqueta;



el pífano



que un día dejó de vibrar, 



pensando en la delicadeza 



               de lo inexistente.






     Y tú sigues ahí en el dial



que regala tus oídos,



          tan inútilmente 



     como el reloj 



que marca las horas.

(Tormentas, tormentos y otros poemas personales, 2000)







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